Pasen sin llamar

Pasen sin llamar, adelante, entren y acomódense y, si lo desean, curioseen con libertad entre mis cosas. Están todas por ahí, revueltas, amontonadas de mala manera en mi cabeza. Forman parte de mi memoria; esa que es, a veces, una caja de cartón repleta o un pósit pegado en la nevera.

Son los libros de mi padre y los míos; las películas que he visto y veo; algunas fotos viejas, dos o tres canciones y una amalgama extraña de rarezas que llaman mi atención. Ahora pretendo ordenarlas, colocarlas en los estantes correspondientes con sus etiquetas precisas; aquí el cine, allá las letras, acullá la ciencia, el diseño, etc.

Una vez las tenga correctamente ubicadas podré, de un solo vistazo, contemplarlas en su totalidad. Escogeré entonces la que me apetezca y me retiraré con ella a ese sillón que tengo dispuesto; en esa casa que me prometí en lo alto de una colina, de una isla de los mares del sur.
Para que puedan encontrarla, la casa, les indicaré la dirección:

Está lejos en el espacio; en una pequeña isla, la más antigua del archipiélago de las Hawai, llamada Kauai. Una vez allí, diríjanse hacia el sur, hasta un paraje conocido como “Allerton garden” y ahí pregunten por la casa, o bien, por la taberna de Donovan… Nadie sabrá indicarles porque…

También está lejos en el tiempo y en la imaginación; en una pequeña isla irreal de la Polinesia Francesa llamada Haleakaloha y la casa es la casa del doctor Dedham y la taberna es, a medias, la taberna de Donovan y Gilhooley y es conocida como “la taberna del irlandés”.

En fin… Si quieren llegar hasta la casa que me prometí, en lo alto de una colina, de una isla de los mares del sur; tendrán que aunar espacio, tiempo e imaginación. Pero si lo hacen, cuando estén en la puerta, recuerden; entren sin llamar y curioseen con libertad entre mis cosas. Por cierto, si se aburren, podemos ir a la taberna… Siempre hay buen ambiente.