Claudia y su Ducati 750

Claudia y su Ducati 750 Súper Sport de 1974

La Amazona

De Claudia Cardinale —desconfíen— no se puede contar todo. Claude Joséphine Rose Cardinale, hija de sicilianos, nació en Túnez el 15 de Abril de 1938. Pasó su infancia soñando con ser exploradora y jugando a saltar de los trenes en marcha, porque era divertido; y una adolescencia soñando con ser maestra y a hostias con los chicos del barrio, porque —dice— era más divertido aún. Tras ganar un concurso de belleza el cine llamó a su puerta; y al cine, como a los hombres, Claudia decía que no con femenina paciencia… Y los hombres, como el cine, llamarían a su puerta con masculina insistencia.
Hermosa, luminosa y carnal; gasta la italiana más bella de Túnez una voz áspera y rota, una sonrisa de bálsamo y ojos de semilla exótica. Domina La Cardinale el secreto del oficio que le enseñara Visconti; que tus ojos digan lo que no dice tu boca: la mirada. Y dueña del secreto lo oficia con magisterio sabio; esta belleza mediterránea que según el esteta italiano, debía caminar como un leopardo, porque ella, no era cualquier mujer. Mujer que advirtió Fellini como animal terrenal y creíble; mitad gata, mitad pantera furiosa.
Casi todos los grandes filmaron con ella y afirmaron que era La Cardinale la ausencia de artificios: una certeza, una verdad… «El rostro de una mujer debe estar acuñado por su propia historia» Y de la historia de La Cardinale —les aviso— no se puede contar todo.
Pero si se puede o no. Si hay una certeza, una verdad al menos, en la mirada de

esta mujer. O en el rostro de Jill McBain descendiendo de un tren, en los desiertos de polvo y testosterona de Leone; o en el de Angélica Sedara, entrando al baile en el palacio de los Salina; o en el de Aída bajando unas escaleras o en el de Ginetta, envuelta en una trifulca o… «La misión de una actriz es tener muchos rostros» compruébenlo ustedes. Pero —ya les avisé— de La Cardinale no se puede contar todo, porque La Cardinale, es… Incontable.

La Máquina

Esta maravilla fue presentada en el salón de la moto de Milán en 1973. Pero no solo hay belleza tras este hermoso mito; estamos ante una motocicleta de leyenda, el primer modelo con el que Ducati comercializa el sofisticado sistema Desmodrómico en un bicilíndrico de 4 tiempos. Un potente motor que añadía a la mecánica de la mítica 750 Imola, un diseño único y una fabricación exquisita. Una máquina con unas prestaciones espectaculares que sin necesidad de modificaciones especiales, serviría para una carrera.
Si no recuerdo mal de la 1ª edición, producida entre el 73–74, se fabricaron completas 200 unidades; en chasis y motores para recambios hasta un total de 400. Por eso, hoy en día, es uno de los modelos más cotizados por los coleccionistas. Belleza y potencia; belleza y talento… Como La Cardinale.

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