¿Así nomás? ¿La ruda?
Sí. Ya sé. Como adjetivo, ruda define a una persona tosca, sin modales ni pulimento, que no se ajusta a las reglas del arte. Pero…
Como sustantivo, conviene señalar que, pese a ser una hierba aromática y amarga, tóxica en dosis elevadas, a la ruda se le atribuyen propiedades medicinales y mágicas.
Creían los huastecos que la ruda absorbía las malas energías y protegía del «mal puesto». Los mixtecos la usaban frente al «mal aire» o la brujería. Y para los mayas yucatecos, la ruda simbolizaba la pureza. En la medicina tradicional mexicana, era alivio para dolores de oído, estomacales y menstruales; limpiaba úlceras, llagas y eliminaba piojos.
De esta forma, es conocida como «la dura que todo lo cura» y la madre de todas las plantas mágicas. Y se la relaciona con la fortaleza interior, el coraje y la tenacidad. Estos son valores propios del lienzo charro, que es identidad, tradición y orgullo de México.
La talabartería fusiona arte, utilidad y tradición: es el alma artesana de la charrería. Sus accesorios de cuero son vitales para las faenas del campo y las suertes charras. Con ellos brinda soporte, resistencia y protección a jinete y caballo…
Ustedes verán, pero considerando todo lo descrito y explicándoles que… Para ser «aguerrida como una adelita, visionaria como una dama charra o vistosa como una china poblana», es preciso audacia, valentía, destreza y una tenacidad inquebrantable… Pues eso: «La Ruda».
¿O pretendían que se llamase Gwendoline?